YIN Y YAN son dos fuerzas opuestas en la naturaleza. No sólo estén presentes en lo que nos rodea, también en nuestro cuerpo y en nuestra mente. YIN representa lo suave, lento, pasivo y frío. Se a socia a feminidad, agua, luna, tierra y noche. YAN se asocia a masculino, fuego, sol y día. Representa lo dinámico y activo. Aunque los dos conceptos son opuestos, se complementan entre sí y deben estar en equilibrio y armonía.
La mayoría de estilos de yoga son YAN, ya que son activos, generan calor y activan la energía del cuerpo. El YIN YOGA busca mantener las asanas desde la relajación sin activar los músculos cuando mantenemos las asanas. Se trata de una práctica que pone el enfoque en relajar y estirar. En este estilo de yoga las posturas se mantienen entre 2 y 5 minutos, dando la posibilidad de que los tejidos más profundos del cuerpo como tendones y fascias se relajen y se estiren.
Se trata de una práctica de apertura y aceptación, donde soltamos toda necesidad de metas, rindiéndonos a la realidad del ahora. La actitud es pasiva, los músculos deben estar relajados para las fascias y el tejido conectivo se estire. Al sostener las asanas durante más tiempo nos encontramos con una oportunidad en la que simplemente debemos “ser”. No debemos hacer ni pensar nada, sólo mantener la postura.
Los beneficios que conseguimos con esta práctica son:
• Irriga y nutre las articulaciones. Estirar el tejido conectivo favorece la circulación del líquido sinovial que nutre la articulación.
• Mejora la flexibilidad. Las fascias se estiran.
• Desbloquea, calma y equilibra porque relaja el Sistema Nervioso.
• Es apta para todos, se adapta y es restaurativa.
• Te conecta con tu esencia.
• Ayuda a meditar.